Economía

Cierre de fronteras no ha impedido que Táchira esté inundado de productos colombianos

No importa si los puentes binacionales se encuentran cerrados. Quienes necesitan traer mercancía del vecino país para subsistir durante la cuarentena, se las ingenian y pasan por los llamados caminos verdes. 

San Cristóbal. Más de dos meses y medio con la frontera cerrada y los productos colombianos se siguen viendo en las calles y avenidas de la ciudad de San Cristóbal. Leche, mayonesa, mantequilla, papel higiénico, jabón en polvo, entre otros, son los productos que se ofertan de forma ambulante. 

Y es que todavía hay quienes pueden viajar a la población de San Antonio y traer productos para comercializarlos en la entidad. 

Un kilo de leche en un supermercado puede costar más de Bs. 1.500.000. Sin embargo, en algunos locales y en la calle, se consigue leche colombiana desde 16.000 pesos o Bs. 1.000.000.

Un kilo de jabón en polvo, supera los Bs. 500.000, mientras por 4.000 o 220.000 bolívares se consiguen otros provenientes de Cúcuta. Lo mismo ocurre con todos los productos, por lo que su venta se ha convertido en un negocio para quienes se atreven a bajar a la congestionada frontera con Colombia. 

“Siempre hay quienes traen esos productos. Uno le encarga por bultos y ellos los pasan por trochas. Eso de que nadie pasa por esas trochas es mentira, un billete colombiano es más fuerte que cualquier orden”, dijo Rafael Gómez, vendedor informal. 

Foto: Ana Barrera

Carros, aceras y hasta las entradas de los hogares son los mostradores de quienes tienen acceso a estas mercancías y las comercializan. 

Gómez explica que se vio en la obligación de traer víveres de Colombia, dada la crisis económica en el estado. Técnico de una empresa de TV por suscripción, asegura que ante la imposibilidad de trabajar en su área por el cierre de las oficinas administrativas, debió buscar una manera de generar ingresos para él y su familia. 

Somos mi esposa, mi hija y yo. Necesitamos comer y ella con el sueldo de maestra no es mucho lo que puede comprar. Es mi responsabilidad llevar la comida a la casa y no me voy a quedar de brazos cruzados esperando los bonos esos que da el gobierno, dijo.

María Núñez es enfermera de profesión. Si bien no ha dejado de trabajar, se vio en la obligación de invertir un dinero en productos colombianos y poner un puesto ambulante en una de las principales avenidas de San Cristóbal. 

Uno de sus hijos, que por los momentos no puede continuar con sus estudios universitarios, es quien se encarga de la venta. Explican que si bien la ganancia es poca, supera por mucho lo que se gana en el hospital. Su marido está en el extranjero, pero no puede enviarle remesas. 

“Él siempre me mandaba dinero, pero ahora por la pandemia no puede. La está pasando muy mal. Entonces decidimos hacer algo con una platica que teníamos para alguna emergencia. Poco a poco hemos repuesto lo que se usó y tenemos nuestra mercancía para trabajar. Nos toca así mientras todo se normaliza y mi marido nos puede enviar dinero”, dijo. 

Explicó que viajan con cautela a San Antonio y a través de trochas van y vienen con mercancía. Aseguró que los caminos son muy largos y las caminatas duran bastante, pero que pese a los riesgos lo hacen porque no hay con qué trabajar. 

Foto: Ana Barrera
Sigue el contrabando

Para el economista Aldo Contreras, esos productos colombianos que incluso llegan al oriente del país son parte del contrabando que se registra en la entidad. “aun con la frontera cerrada pasa el contrabando”, dijo. 

Contreras agrega que al estar las aduanas de San Antonio y Ureña cerradas, se pierde una gran cantidad de dinero por concepto de aranceles que podrían contribuir con el desarrollo del estado. “Esto pone en peligro la salud de los venezolanos”, agregó, pues en muchos casos se rompe la cadena de frío para productos que deben conservarse refrigerados, como son quesos, lácteos, charcutería, pollo, entre otros. 

Economista Aldo Contreras. Foto: Cortesía

Explica que esta situación se presta para la falsificación de productos colombianos, no hay permisos sanitarios que controlen estos productos “no hay aduanas para hacer esto”. 

Esto beneficia, a su juicio, a otro tipo de personas que se lucran con la ilegalidad, como son trocheros, uniformados que se prestan para dejar pasar la mercancía. Lamenta que se haya perdido ese intercambio comercial entre Venezuela y Colombia con el que se había ganado el nombre de “la frontera más viva de Latinoamérica”, cuando unos 7 millardos de dólares al año se comercializaban a través de esas aduanas.

Agrega que la economía formal se ve muy afectada por negocios informales que proliferan en las casas y las calles. “En principio se veía uno en la cuadra, ahora se ven hasta diez en una misma cuadra. Hemos visto el crecimiento de esta economía en más de un 60 % desde que comenzó la pandemia y esto afecta a los comercios establecidos que se enfrentan al pago de los tributos y los informales no los pagan, toda la formalidad se deja de lado”. 

Comentó Contreras que dado que el gobierno no está en capacidad de generar empleo, con la pandemia este trabajo informal fue fomentado ante el cierre de empresas y sectores no priorizados. “Ahora el reto está en sacar a esa gente de la calle para que vuelva al empleo formal. Es un gran reto para el gobierno nacional, regional y municipal”, agregó. 

Más barato

Quienes buscan estirar lo más que se pueda el dinero, apelan a los vendedores ambulantes. Reiteran que los precios en los supermercados a veces doblan lo que se paga en un puesto informal. Marta Toloza dice que regatea y siempre ahorra un poco más. 

Aquí tienen el jabón a 4500 pesos, le dije que me bajara un poquito el precio y me lo dejó en 4000. Y así. Siempre le bajan a los productos y así sean 2000 pesos que te ahorres aquí y otros por allá, es algo. En cambio en el supermercado pagas lo que dice la etiqueta. Ahí no vale el regateo, indicó.

De todo un poco

La venta de productos colombianos no solo se limita a quienes se quedaron sin trabajo durante la cuarentena. Hasta las ventas de repuestos tienen algo proveniente del “otro lado” para compensar la caída de los ingresos.

Alberto Peñaloza, vendedor de repuestos, asegura que si bien su negocio formal es destinado a la venta de lubricantes, filtros y repuestos para carros, puso un “tarantín” con algunos productos colombianos con los que gana un dinero extra. 

Foto: Ana Barrera

“Hasta ahora es que nos están dejando trabajar. Antes lo hacíamos casi que de forma clandestina. Uno tiene deudas, proveedores, empleados y hay que buscar la forma de generar una ganancia. Esto es de mi hija y con eso se ayuda, y yo también. Ahí hay productos de todos y entre todos nos ayudamos”, añadió. 

Asegura que si bien no paga impuestos por esos productos, sí paga por los que no ha vendido y que dejó de vender durante el cierre ordenado por el gobierno para controlar la pandemia. “Todo el mundo busca cómo ganarse algo extra. A todos nos golpeó esto. A unos más que a otros, pero hay que seguir trabajando, en lo que sea”, dijo.

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