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Terror, malformaciones y suicidios, un infierno vigente a 35 años de Chernobyl

Terror, malformaciones y suicidios, un infierno vigente a 35 años de Chernobyl

Se cumplen 35 años del accidente en la central nuclear de Chernobyl, que liberó una cantidad de radiación equivalente a 400 bombas de Hiroshima. Además de los daños físicos (como tumores y fallas orgánicas), los sobrevivientes fueron víctimas del silencio, la desinformación y el terror.

 

“Alentados por el aire puro y la promesa de una visa sin restricciones”, como describió Télam, miles de sobrevivientes de la catástrofe migraron a la Argentina para dejar atrás ese infierno.

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“No sabíamos qué era, pero no le dimos importancia; supusimos que se trataba de un pequeño sismo”, recordó ante la agencia oficial Lyudmyla Panasetska, que hoy tiene 54 años y vive en el barrio porteño de Villa Luro.

Lyudmyla Panasetska recordó el horror vivido en Ucrania.

El día del accidente, ella tenía 25 años y estaba embarazada de ocho meses. Los dos kilómetros que separaban su casa de la planta eran apenas un dato más.

El recuerdo de la tragedia sigue vigente.

Pero aquella vibración había sido la onda expansiva provocada por la explosión del reactor 4 de Chernobyl, el accidente nuclear más grande de la historia. “El gobierno y los noticieros no informaban nada”, contó Lyudmyla.

Esa medianoche, los empleados del ferrocarril donde trabajaba su esposo le notificaron que debían evacuar la zona. “Cuando salimos el aire se sentía espeso -recordó-. La gente empezaba a inquietarse y la estación era un caos, lleno de niños tapados con mantas”.

La familia jamás regresó a su casa, pero su esposo fue convocado como “liquidador”, para contener la catástrofe. Debió exponerse a elevadísimos niveles de radiación. Su hija nació bien, pero él está postrado en una cama con hidrocefalia.

El esposo de Panasetska fue uno de los “liquidadores”.

En 1986 Aleksandr Zagorodniuk tenía 30 años. Trabajaba como chofer de camiones para la construcción de una planta nuclear a 800 kilómetros de Chernobyl cuando lo llamaron para llevar arena, piedras y cemento con el objetivo de tapar el desastre.

“Los civiles debíamos prestar dos semanas de trabajo versus la amenaza de ser reclutados para el Ejército, donde se hacían los trabajos de más riesgo”, explicó Zagorodniuk, hoy remisero en el partido bonaerense de Moreno.

“Nosotros no teníamos conciencia de los riesgos. Nos mandaban con barbijos de médico y guantes de algodón y el gobierno no daba información sobre el peligro al que nos exponíamos”, criticó.

Aleksandr Zagorodniuk, otro de los que debió tapar el desastre.

Su única compensación fue una paga triplicada por aquellos jornales, una medalla y un carnet que le permitía viajar gratis en colectivo y comprar medicamentos a mitad de precio.

La Fundación Chernobyl Children International asegura que de los 700 mil liquidadores, 40 mil murieron por causas directas a la radiación, 70 mil padecen algún tipo de discapacidad y el 20 por ciento terminó suicidándose.

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