Economía

Rezagados van quedando textileros de la frontera tachirense

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La falta de materias primas, insumos, servicios públicos y mano de obra calificada los deja en el último eslabón de la cadena de textileros nacionales, cuando, otrora, eran los que marcaban la pauta en el ámbito nacional.

San Cristóbal. Nada fácil la tienen los empresarios del sector textil del estado Táchira, específicamente de los que hacen vida en el municipio Pedro María Ureña, en la frontera con Colombia. Luego de ser por años una referencia nacional e internacional en lo que a confección de ropa se refiere, los textileros de la zona se vieron en la obligación de unirse e integrar un gremio, a fin de sumar esfuerzos en aras de mantener vivo el mercado.

Y es que el municipio Pedro María Ureña es casi industrial de cabo a rabo, pues en la zona están las instalaciones de fábricas de repuestos de automóviles, el central azucarero del Táchira, fábricas de piezas de vidrio, de plásticos, así como de textiles. Por eso es que a Ureña se le conoce como el municipio industrial del estado y hasta de Venezuela.

Pese a ello, la crisis económica golpeó fuertemente esta zona, lo que dejó a muchas fábricas y empresas al borde de la bancarrota. Además de la pandemia, la cosa se complicó mucho más, pues las medidas restrictivas de movilidad pusieron cuesta arriba la visita de clientes a esta área, que, si bien queda en la línea fronteriza, se encuentra más alejada que su vecino San Antonio.

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La crisis ha golpeado fuertemente la zona. Muchas fábricas están al borde de la bancarrota. Foto: Ana Barrera

Para nadie es un secreto que la llamada zona de los pantalones, en la Cruz de la Misión, en pleno centro de Ureña, era una de las más visitadas del país y de donde salían miles de piezas que abarrotaban los comercios de casi toda Venezuela, pues su calidad-precio carecen de competencia.

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Comerciantes de todo el territorio nacional viajaban a este lugar recóndito de la frontera y se llevaban bultos de pantalones de todas las tallas, modelos y colores, y familias aprovechaban la temporada decembrina para equiparse de pantalones.

Cerca de 60 % de la demanda de pantalones de todo el país era cubierta por textileros de Ureña y San Antonio del Táchira, lo que se ha reducido a 25 % a la fecha.

Para Lisandro Ascanio, representante de la Cámara de Textileros de Ureña y empresario del ramo, el deterioro del sector comenzó a darse hace unos cinco años, pues en un principio la presencia de grupos irregulares armados al margen de la ley azotaba a comerciantes con cobro de vacunas, secuestros y extorsiones.

Era una situación muy delicada y no había dónde quejarnos ni quien nos defendiera en ese entonces”, dijo.

Otro golpe fuerte se dio cuando comenzó el éxodo de venezolanos debido a la crisis que se vive en el país, pues gran parte de la mano de obra calificada de esta zona migró hacia otras tierras.

“Por tanto tiempo ayudamos a que esa mano de obra calificada creciera, y se fueron buscando nuevas oportunidades y eso nos afectó bastante”, lamentó.

La estocada casi final se la dio la crisis producida por la pandemia del coronavirus, pues comercios y empresas se han visto golpeados al no tener el aval del gobierno para seguir trabajando de manera permanente, sino de forma intermitente.

El cierre de negocios salta a la vista, pues, en una visita hecha por el equipo de Crónica.Uno, se apreció cómo negocios que tenían años abiertos al público cerraron sus puertas al no poder sostenerse. La cantidad de comercios ha mermado y está en su mínima expresión. La “cuadra de los pantalones” se ha convertido en una zona triste y sin vida.

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La cuadra de los pantalones se ha convertido en una zona triste y vacía. Foto: Ana Barrera

En los pocos establecimientos abiertos no se ven clientes como en épocas anteriores, en las que la cantidad de vendedores no era suficiente para atender toda la clientela que llegaba, y para los comerciantes todos los días eran buenos.

Ascanio no recuerda haber sufrido por la falta de telas o materia prima desde que se inició en el mundo de la confección de prendas de vestir. Indicó que en una época había cientos de proveedores de insumos, telas, hilos, y que en la actualidad desaparecieron casi todos, pues, si acaso, hay dos o tres que aún sobreviven y que no se dan abasto para cubrir la demanda en el mercado nacional.

Destacó que ya los herrajes que lleva un pantalón no se adquieren en empresas nacionales, por lo que se ven en la obligación de buscarlos en el vecino país Colombia.

No es un secreto que aquí eso no se consigue. Las telas sí se consiguen por acá, pero hemos durado hasta tres meses para que lo traigan”, indicó.

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Los textileros de Ureña tienen que buscar los herrajes de los pantalones en Colombia. Foto: Ana Barrera
Precariedad de servicios

Los municipios fronterizos son los más golpeados en todo el estado Táchira en cuanto a la precariedad de servicios públicos. La falta de energía eléctrica, agua y de telecomunicaciones hacen mella en la calidad de vida de sus habitantes y también de sus comercios y empresas.

Precisamente, el pésimo servicio de electricidad les ha golpeado tanto la operatividad como los bolsillos, pues, explicó el gremialista, son muchas las piezas que se han dañado a causa de los cortes, bajones y apagones registrados en la zona.

Por ello, los textileros abogan también por la apertura de los pasos binacionales, ya que con los puentes abiertos pueden importar los insumos desde el hermano país y así garantizar la producción textil.

Donde tengamos la posibilidad de conseguir las materias primas que no conseguimos en el país… aunque fuese una apertura peatonal”, expresó Ascanio.

Aseguró que son las industrias fronterizas las afectadas, pues en entidades como Barinas, Portuguesa, Lara, Distrito Capital, entre otras, sí trabajan y hasta han progresado, mientras que ellos han ido quedando relegados en la industria textil nacional: “No pagan impuestos, no tienen que pasar alcabalas… se les facilita el trabajo. Nosotros ya no podemos competir con ellos. Esto nos tiene muy preocupados en la actualidad”.

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Los textileros de Ureña aspiran a que el gobierno nacional abra las fronteras. Foto: Ana Barrera
Magos para sobrevivir

Ascanio explicó que los textileros de la frontera se han convertido en magos para evitar cerrar sus puertas. Sin capital para invertir y sin manera de sacar la mercancía al interior del país por las restricciones de la pandemia de la COVID-19 y demás dificultades que se le presentan, aún se mantienen optimistas.

Esperamos con fe y optimismo que en cualquier momento se acabe esta pandemia y que el gobierno nacional ponga los ojos en estos empresarios que han sido tan importantes en el gremio nacional… No sabemos cómo hemos aguantado… Ahí estamos”, destacó.

Los textileros esperan volver a recuperar el mercado que antes podían satisfacer, así como recuperar la mano calificada que tanto les hace falta. Confían en que el gobierno nacional facilite las herramientas en la formación en confección, costura, lavado de prendas de vestir, entre otros.

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Los textileros de Ureña surtían todo el mercado nacional de pantalones. Foto: Ana Barrera

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